Nos enfrentábamos a un rival directo, puntuar era vital para mantener la posición, y la verdad sea dicha que durante todo el primer tiempo nos mostramos como un reloj solar, ausente del mecanismo apropiado, condicionada su maquinaria para ofrecer con precisión su misión, lo de menos fue el gol encajado, la cuestión es que las saetas se movían sin ritmo ni dirección concretas, lejos de lo que el relojero esperaba, andamos errantes, en busca de caricias y cobijo.

La segunda esfera fue distinta, el panorama cambió, miramos el partido desde lo alto de la torre, mostramos esa sonrisa pícara, con sentido del humor, que nos permitió realizar muy buenas combinaciones, que nos empujó a profundizar, a llegar a lo más alto en busca de ese momento mágico y puntual, el que nos permite nos toquen las campanas cuando las saetas grande y pequeña se funden en una y somos capaces de abrir la ventana de par en par, y asomar la cabezota burlona, como cuando el campanero marcó el centro de la esfera para validar nuestro acierto de cara a puerta, pero a nuestro reloj se le tiene que dar cuerda constantemente para que mantenga el ritmo, es por ello por lo que de nuevo se nos volvió a atrasar dos segundos más.

Cuando se entienda y precise, que las saetas grandes marcan los segundos y las pequeñas las horas, pero que las dos son importantes y decisivas, que todas las piezas de nuestro reloj son cruciales para el buen funcionamiento, que tras los segundos vienen los minutos, con los minutos los cuartos, y tras los cuartos las campanadas que marcan el momento  esperado, este reloj nuestro funcionará como el que dejó de hacerlo en 1888, y es tarea a realizar en el taller, engrasar todo el mecanismo para que toda pieza esté acostumbrada a realizar su función.

Idella 3 Sporting Villena 1

Gol: Chesco

Capitán: Javier                                                                                                                 Crónica : Paco López